Justicia injusta

Que se levante el telón de una vez y se vea la verdad desnuda, porque lo que se representa en esa sala de vistas no es justicia, es la función más vil, grotesca y cruel jamás montada!
Sobre las tablas del Gran Teatro Falla se ha desatado un circo de farsantes donde la manipulación ríe a mandíbula doliente y la mentira viste de gala ante un tribunal que consiente la tramoya. Con una crueldad de libreto rastrero, la maquinaria coge los fallos más humanos —esos simples errores sin malicia que comete cualquiera— y los retuerce hasta levantar una condena implacable, desproporcionada e infame contra una madre.
Querían condenarla al papel más vil de la comedia: el de una triste muñeca encadenada al fondo de un joyero, un adorno sin voz al que solo le permiten sonar cuando ellos abren la tapa y a la que sepultan en la oscuridad en cuanto la vuelven a cerrar. Pretendían que contemplara impasible, en penumbra y de rodillas, cómo mercadean y juegan con el destino de su hija en una pantomima siniestra.
¡Pero la maternidad no es atrezzo para el divertimento de ningún farsante ni se pliega jamás ante el rugido de las fieras! Esta madre no es una figura de cuerda, no baila al compás de un guion corrupto ni se va a quedar callada. Su voz se levanta hoy como un trueno para reventar la caja, destrozar la escenografía, señalar con el dedo cada injusticia y exigir que se apague el foco, se desmonte la carpa y se baje de golpe el telón ante tanto dolor.