El juego del espejo

Esta es la historia de una mujer nacida libre, indomable y desbordante de brillo. De niña, con sus leotardos a rayas y sus botas de tacón, utilizaba la música de Eminem como el portón sagrado hacia su habitación. Conquistaba trofeos y medallas en ajedrez, parchís, pintura y escritura sin necesitar la mano de nadie, porque su mayor orgullo era bastarse a sí misma. Ni la vista cansada a los diez años, ni los cristales gigantes, ni el picazón insoportable de un parche ocular lograron apagar su fuego: en casa transformó la sombra en leyenda y se convirtió en una pirata dispuesta a luchar contra los buenos.

Con la adolescencia llegó la metamorfosis: guardó los parches, escondió las gafas y descubrió su propia belleza. Sin embargo, al cruzar esa frontera complicada donde solo buscaba encajar con el chico que le gustaba, el espejo comenzó a empañarse. Conoció la crueldad del engaño, el veneno de la traición y el impacto brutal del primer desamor. Lloró ríos de lágrimas por personas que no merecían ni una sola gota, mientras el eco de Eminem y Rihanna arropaba sus silencios. Permitió que aquellas garras la marcaran, dejando en su espalda una mancha imborrable, tan fea y sucia como la vileza de quien la provocó.

Pero con el tiempo comprendió la verdadera raíz de sus cicatrices: no nacieron de su debilidad, sino de su ferocidad. Brotaron porque fue una guerrera, una peleona incansable que jamás se dejó doblegar, amoldar ni domar por las exigencias de nadie.

Tiempo después, cediendo ante el encanto de quien prometía cuidarla, se dejó llevar por palabras bonitas. Le decían que era una diosa, que sin ella la vida no existía. Pero esa pequeña sabandija no tenía la talla para su grandeza; intentó buscarle defectos, empañar su reflejo y avergonzarla. Fue entonces cuando ella dio un golpe en la mesa y destruyó la trampa. ¿Le gustaba el pelo largo? Se lo cortó. ¿Veía sus orejas grandes? Las convirtió en lienzos y las adornó con brillantes.

Su vida es hoy un manifiesto de poder, actitud y advertencia para el mundo: ¡NUNCA JAMÁS DEJES QUE SE EMPAÑE EL ESPEJO!

Tras haber sufrido, llorado y atravesado mil complejos, se levanta con una garra indestructible. Sigue viva, sigue de pie y sigue siendo una criatura tan pura, brillante y original como vulgares y comunes resultan aquellos que intentaron apagarla. Capaz de devorarse el mundo de un solo bocado o de condenar al olvido absoluto a quien no la merece, no guarda un solo rencor. Solo siente gratitud por cada golpe, porque cada herida la convirtió en la mujer invencible que es hoy.

Y esto... esto es solo el comienzo.